El español en el Magreb1

¿Nueva variedad?

Spanish in the Maghreb

A new variety?

Víctor Lara Bermejo

Universidad de Cádiz (Cádiz, España)

victor.lara@uca.es

https://orcid.org/0000-0002-0589-9495

Recibido el 29/9/2025, aceptado el 18/12/2025, publicado el 17/4/2026

Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0)

© 2026 Víctor Lara Bermejo

Cómo citar este artículo

Lara Bermejo, Víctor 2026. El español en el Magreb. ¿Nueva variedad? Studia linguistica romanica 2026.15, 54-82. https://doi.org/10.25364/19.2026.15.3.

Resumen

El español del Magreb no ha sido definido aún como variedad propia y, aunque conocemos los fenómenos lingüísticos de esta zona del mundo, no hay trabajos que aborden hasta qué punto están generalizados. A pesar de algunos de corte etnográfico, léxico o de cambio de código, no contamos con estudios pormenorizados que evalúen las características dialectales del idioma en dicha región. En este artículo, pretendemos dar cuenta del tipo de español que se habla en el norte de África, gracias a un trabajo de campo específico, en el que se han recogido muestras orales y espontáneas de más de un centenar de hablantes. Los resultados reflejan la complejidad sociolingüística e idiomática de la zona, pero permiten establecer que existe una variedad propia, a la que hemos denominado español magrebí, con una serie de rasgos fonéticos y morfosintácticos particulares.

Palabras clave

Español, Magreb, contacto lingüístico, dialectología.

Abstract

The Spanish spoken in the Maghreb has not yet been defined as a variety and, although the linguistic phenomena of this region are known, no studies have addressed the extent of their diffusion. While studies exist on ethnographic, lexical or code-switching aspects, there is lack of in-depth research examining the dialect features of Spanish in the region. This article provides an account of the Spanish spoken in northern Africa, based on fieldwork in which spontaneous oral samples from over hundred speakers were collected. The results reveal the considerable (socio)linguistic complexity of this area and also show the existence of a variety, called Maghrebí Spanish, which exhibits a series of specific phonetic, morphological and syntactic characteristics.

Keywords

Spanish, Maghreb, language contact, dialectology.

Índice

1 Introducción
2 Estado de la cuestión
3 Marco teórico, corpus y metodología
4 Datos y análisis
4.1 Hablantes monolingües
4.2 Hablantes bilingües
4.2.1 Rasgos fonéticos
4.2.2 Rasgos morfosintácticos
5 Discusión
6 Conclusiones
Abreviaturas y referencias bibliográficas

1 Introducción

[1] El español hablado en el continente africano ha recibido menos atención que otras variedades del resto del mundo. Junto con los estudios que se han realizado acerca de Guinea Ecuatorial y otros de corte léxico, fonético y político sobre la realidad del norte de África (véase Quilis 1992 o Molina Martos 2006), la variedad lingüística que caracteriza al español que se atestigua en el Magreb sigue siendo una de las más desconocidas. Contamos con trabajos que se encargan de analizar la impronta hispana en el árabe y bereber de la zona (véase Sayahi 2011), pero no hallamos investigaciones que desvelen si el español que se da a lo largo de Marruecos, el Sáhara Occidental y el oeste de Argelia comparte una serie de rasgos que permitan catalogarlo como una variedad aparte. Igualmente, carecemos de estudios que traten de la casuística que se documenta en Ceuta y Melilla (salvo para la fonética de monolingües) y, hasta qué punto, podrían entrar dentro de una variedad magrebí de español.

[2] Con el fin de dilucidar si existe un español magrebí que pueda encarnar una variedad dialectal propia que se diferencie del resto de variedades hispanófonas, en este artículo pretendemos dar cuenta de los rasgos lingüísticos que surgen actualmente en todo el Magreb donde se habla español. Gracias a un trabajo de campo específico, observaremos si estamos ante una variedad distinta, qué trazos la caracterizan y hasta qué punto las lenguas de contacto han moldeado dicha realidad dialectal.

2 Estado de la cuestión

[3] La existencia de la lengua española en el territorio comúnmente conocido como Magreb data de finales del siglo XV y, en función del lapso temporal en el que nos fijemos o la zona geográfica de dicha región en la que nos centremos, su implantación ha sido intermitente o ha arraigado con fuerza. La llegada del español comienza con la expansión después de la Reconquista en zonas de la costa del actual Marruecos y la Argelia contemporánea. Si bien la expulsión de los judíos sefardíes provocó que la denominada haketía se diseminara por dichos territorios, los pobladores peninsulares se fueron instalando de distinta manera a lo largo de la Edad Moderna y, sobre todo, a partir del siglo XIX.

[4] Si nos detenemos en el territorio que, actualmente, comprende el Reino de Marruecos, observamos que es la segunda mitad del siglo XIX la que empieza a atestiguar el asentamiento permanente de peninsulares, ya que antes los desplazamientos de españoles a dicha zona del Magreb habían sido temporales. La conferencia de Algeciras de 1912 determinó las fronteras que terminaría poseyendo España, con una región septentrional entre Larache y Tánger (sin incluir esta última ciudad) y la costa atlántica hasta la zona del Rif, llegando casi a la frontera con Argelia. Asimismo, los acuerdos de entonces incluyeron el Sidi Ifni y Cabo Juby, al sur, amén del Sáhara Occidental. La administración española en toda esa región se prolongó hasta 1956 para el territorio norteño, mientras que las áreas meridionales se independizaron años más tarde. En el caso saharaui, los acontecimientos históricos de 1975 provocaron la pérdida por parte de España de dicho territorio.

[5] Sin embargo, hemos advertido que el español ya se había diseminado por toda esa región de manera intermitente antes de la segunda mitad del siglo XIX, con llegadas de grupos de españoles que no terminaban de establecerse y cuya lengua quedó relegada a su propia comunidad. Frente al contacto posterior, de esa época previa solo tenemos constancia de préstamos léxicos que pasaron de las lenguas afroasiáticas al español y viceversa (Domínguez Ortiz & Vincent 1978). Por tanto, es la era decimonónica, ya avanzada, la que documenta la permanencia de poblaciones hispanófonas en suelo magrebí (fuera de Ceuta y Melilla) que se quedan de forma estable, inaugurando edificios religiosos, sociales, culturales o educativos (García-Arenal Rodríguez & Wiegers 1999; Martínez Montávez 1999; Salafranca Ortega 2001; Sayahi 2004).

[6] Mientras que estos asentamientos estables respondían a migraciones por cuestiones laborales o comerciales, la zona del Magreb a la que aludimos vuelve a ser receptora de oleadas de migración hispanófona proveniente de la Península Ibérica con el estallido de la Guerra Civil Española. Este hito histórico produjo además la apertura de centros educativos en español, dentro de los cuales se permitía la escolarización de los locales (Valderrama Martínez 1956). Como consecuencia, el mismo territorio da cuenta de nacimientos de descendientes hispanoparlantes de esas generaciones que terminaron estableciéndose en suelo africano, así como de personas con árabe o bereber como L1 que acaban por adoptar el español como L2 de forma espontánea primero y en el ámbito educativo después, haciendo que su competencia fuera análoga a la de una L1.

[7] La cronología de acontecimientos en la franja de terreno que hallamos entre Marruecos y Mauritania, denominada Sáhara Occidental, repite el patrón descrito para el reino alauí. Las oleadas de hispanófonos fueron recurrentes siempre, pero nunca los contingentes se establecían en dicho territorio, hasta que la segunda mitad del siglo XIX fue testigo de lo que ya hemos expuesto para su vecino marroquí. No obstante, el caso de la costa oeste de Argelia difiere ligeramente a este respecto. Los aluviones de españoles desde el siglo XVI fueron también intermitentes y por motivos comerciales, con minorías en localidades específicas en las que el peso del idioma romance era anecdótico. Cuando Argelia termina convirtiéndose en colonia francesa, el contingente español empieza a verse superado numéricamente por el galo; cuestión que fomentó la consideración del francés como idioma de prestigio, relegando los demás (incluido el español) a contextos de diglosia (Vilar Ramírez 1989). Asimismo, el perfil sociolingüístico y geolingüístico del peninsular que arribaba a Argelia solía recaer en un agricultor, procedente de la zona de Levante o el sureste andaluz (Bonmatí Antón 1992). Esto hacía que el inmigrante retornara a la Península una vez acababa la temporada de trabajo, por lo que la incidencia hispana solo fue permanente cuando se inició la Guerra Civil Española.

[8] Los casos particulares de Ceuta y Melilla representan una taxonomía diferente, pero sintetizaremos sus características, puesto que también se encuentran en el Magreb. Su pertenencia a España data de finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, pero, mientras que Ceuta se ubica justo enfrente de la Península Ibérica, Melilla se localiza en un enclave más aislado, totalmente rodeado por el árabe y el bereber. Ambas ciudades han pertenecido a las provincias de Cádiz y Málaga, respectivamente, antes de su autonomía administrativa a finales de la década de 1990, pero las investigaciones disponibles sobre el contacto lingüístico y el español de la zona se reducen al léxico o las características dialectales de los monolingües (Sayahi 2023; Ettahri 2015; Fernández Smith et al. 2008). Sí contamos, no obstante, con trabajos que versan sobre el cambio de código (Vicente 2004, 2005, 2007; Tilmatine 2011, 2024).

Figura 1

Figura 1: El español en el estrecho de Gibraltar y el Magreb (adaptado de Molina Martos 2006)

[9] Todas estas vicisitudes pueden resumirse en el mapa 1, donde podemos observar la extensión de la lengua hispana en el norte de África. Se trata de una región con una amalgama lingüística muy compleja, donde conviven variedades de lenguas semíticas, bereberes, así como el español y el francés. La llegada y conformación del español en dicha zona también se revela distinta, a tenor de las diversas fases que cada región ha ido experimentando en el asentamiento de dicho idioma y su coexistencia con otros. Empero, a pesar de la cantidad de parámetros que hay que tomar en consideración, los estudios de que disponemos para cada zona sugieren fenómenos comunes.

[10] En cuanto a la fonética, se subraya la vacilación vocálica entre [e] [i] y [a] [e] amén de [o] [u], mientras que el consonantismo suele reflejar la caída de la /d/ intervocálica, yeísmo en [ʒ], pero, a la vez, vocalización de [ʝ] en posición intervocálica, así como fusión de las dos vibrantes en la producción única de la simple y la alternancia entre la aspiración, la eliminación y la producción de [s] en posición implosiva y final de palabra (Moreno Fernández 1992; Quilis 1992; Martínez Bermejo 2010; Benrabra 2017). Si nos concentramos en la morfosintaxis, observamos diminutivos típicos del sureste peninsular y de la zona valenciana, confusión entre ser y estar, desplazamientos modo-temporales en el subjuntivo o empleo de perfectos para contextos de aoristo (Sayahi 2005). Pero es, sin lugar a dudas, la parcela del léxico la que más estudios ha concentrado y el plano de la lengua que más ha trascendido, ya sea del español a las lenguas con las que convive, como de estas al idioma hispano.

[11] A modo de ejemplo, Moussaoui (1992), El Harrak (1998), Amzid (1997) o Ghailani (1997) indican que los campos semánticos en árabe afectados por esta influencia del español abarcan el mar y la pesca (rape, merluza, gamba), la tecnología (máquina, embrague) y otras de uso común de la vida diaria (amigo, playa, visado). Heath (1989) admite que algunos préstamos han evolucionado fonéticamente de acuerdo con las reglas del árabe, como pitro (< árbitro), sansur (< ascensor), skwila (< escuela) o tiburun (< tiburón). Para Ghailani (2019), el léxico implantado en el árabe septentrional marroquí bebe también del argot de ambientes marginales, si bien no todos los términos que el autor provee son necesariamente de dicho perfil (provechar de aprovechar, jalar, chopar de chupar).

[12] Por tanto, el español que ha existido y se ha desarrollado en los territorios aducidos ha gozado de distinto estatus y ha derivado de una situación sociolingüística y geográfica diversa. Este artículo pretende arrojar luz sobre este vacío y analizar si existe una variedad de español que pueda catalogarse como magrebí y, de ser así, qué rasgos la caracterizan. Para ello, debemos previamente sintetizar los parámetros teóricos que entran en funcionamiento en el Magreb y exponer el corpus creado y la metodología empleada a tal efecto; cuestión que reservamos para el siguiente apartado.

3 Marco teórico, corpus y metodología

[13] La realidad referida en epígrafes anteriores indica que el español de la zona (tanto de monolingües como de bilingües) se halla ante la influencia de una lengua de contacto: árabe, bereber y francés. Además, el grado de influencia puede ser desigual, pues el español que se atestigua en el norte de África puede ser tanto L1 como L2 aprendida a una edad muy temprana y, por ende, homologable en competencia lingüística al de una L1. A todo ello hemos de añadir que algunos nativos son hablantes de herencia que han terminado residiendo en España y Francia cuando alcanzaron la adolescencia o la adultez. En consecuencia, los rasgos lingüísticos y la relevancia de la(s) lengua(s) de contacto pueden diferir.

[14] Los estudios sobre contacto lingüístico son muy numerosos, incluyendo aquellos que teorizan sobre su funcionamiento y evolución. No resumiremos aquí la ingente bibliografía al respecto, pero sí queremos hacer un alto para enfatizar los aspectos más relevantes. En primer lugar, el plano de la lengua más susceptible al contacto es el léxico (Weinreich 1953; Greenberg, Ferguson & Moravcsik 1978; Coetsem 1988; Field 2002; Matras 2010). Cuanto más prolongado y estrecho sea el contacto, mayor probabilidad de contagios fonéticos y, en última instancia, morfosintácticos, pero este contacto no evoluciona de la misma forma en un individuo que posee una lengua nativa que convive con otra que no domina o de la que apenas tiene conocimiento, que en un individuo con dos lenguas en su repertorio. Mientras que el prestigio en el primer caso puede ser determinante, la influencia de una lengua sobre la otra en el segundo caso se supedita a factores, tales como la mayor o menor exposición a cada sistema lingüístico, el momento en el que adquirió cada uno o el interlocutor al que se esté dirigiendo (Heine & Kuteva 2005). En este sentido, la controvertida noción de bilingüismo que adoptamos en este trabajo es la esgrimida por Grosjean (2001). Grosso modo, el bilingüe no posee un conjunto de idiomas que puedan separarse en dos partes, sino que se trata de un individuo con una configuración lingüística única y concreta. Este sujeto ha desarrollado una serie de competencias como hablante y oyente en dos lenguas y, quizás, en un tercer sistema que se alce como la combinación de las dos, en función de los requisitos o necesidades del entorno. Por tanto, los posibles condicionantes que el español en el Magreb puede tener como consecuencia de las demás lenguas con las que comparte territorio serán, a priori, distintas en monolingües que en bilingües y, dentro de estos, en individuos con una competencia mayor en español que en el otro sistema.

[15] Por su parte, la idiosincrasia de los hablantes de herencia está ampliamente estudiada. Por regla general, independientemente del idioma que examinemos, los rasgos que atañen a una lengua nativa en un contexto de herencia suelen repetirse. Así, Montrul (2002), Montrul, Foote & Perpiñán (2008), Montrul & Bowles (2009) o Polinsky (2007, 2008, 2023) aducen que estos hablantes presentan errores esporádicos de concordancia de género, de tiempo y modo o de caso. En ciertos hablantes, el plano suprasegmental puede verse afectado, ya que se han registrado casos de sujetos que producen una entonación de la lengua del lugar trasplantada a la de herencia (Rao & Kuder 2016). No nos explayaremos más sobre esta circunstancia, pero nos referiremos, por último, a la importancia de que el español, en este caso, haya sido adoptado como L2.

[16] El comportamiento lingüístico de quienes poseen un idioma determinado que adquirieron como L2 varía en función de dos factores clave: la forma en que se adquirió y la edad a la que se alcanzó un nivel competencial homologable al nativo. Así, no es lo mismo un aprendizaje espontáneo en la calle que uno en el sistema educativo. Schwartz (2004), Singleton & Ryan (2004), Lichtman (2016) o Ellis (2005, 2009) argumentan que el intervalo entre los 7 y 10 años (aunque el umbral suele ser la primera cifra) es determinante para el afianzamiento de la L2; por tanto, si un individuo ha alcanzado un nivel competencial de la L2 homologable a la L1 antes de dicha edad, será poco probable observar rasgos de una lengua sobre la otra, mientras que los inputs de su idioma nativo sobre la L2 serán mayores cuanto más avanzada sea la edad a la que alcanzó un nivel comparable al de su L1.

[17] Para analizar todas estas vicisitudes, nos serviremos de un corpus formado por 232 personas, de distintas regiones del Magreb y con repertorios lingüísticos dispares. En la tabla 1, detallamos los pormenores.

Sexo

Edad

Nivel educativo

Repertorio lingüístico

Estatus del español

Origen geográfico

Hombre: 126
Mujer: 106

-30: 57
30-60: 70
+60: 105

Sin estudios superiores: 89
Con estudios superiores: 143

Monolingüe: 58
Bilingüe: 174

L1: 181
L2: 51

Campo de Gibraltar: 12
Gibraltar: 22
Ceuta: 61
Melilla: 66
Marruecos: 30
Argelia: 10
Sáhara Occidental: 31

232

Tabla 1: Corpus

[18] No obstante, a pesar de los números de la tabla 1, debemos excluir algunos grupos del análisis. En primer lugar, desecharemos aquellos que proceden del Campo de Gibraltar y el Peñón de Gibraltar, ya que se ubican en Europa. Igualmente, debemos dejar fuera los informantes argelinos, pues estos representan un contingente de hablantes de herencia, sin conocimientos de árabe o bereber, que emplean también el francés en la mayoría de los casos, y los cuales se marcharon de Argelia en su pubertad. Todos ellos se han repartido por España y Francia, adoptando la variedad de español imperante en la región hispana en la que se asentaron o adoptando rasgos claramente francófonos si se mudaron al país galo. Igualmente, entendemos que hemos de prescindir de los monolingües que nacieron en lo que actualmente es Marruecos, porque también terminaron abandonando muy tempranamente el Magreb para instalarse en distintos puntos de la Península Ibérica; cada uno de ellos exhibe una variedad dialectal congruente con la zona geográfica peninsular en la que habitan. Por último, los monolingües ceutíes y melillenses están ausentes del análisis, porque, como aduciremos en el siguiente epígrafe, su caracterización dialectal se ve fuertemente condicionada por los orígenes de los pobladores de ambas ciudades: andaluces occidentales, en el caso de Ceuta, y andaluces orientales y murcianos, en el caso de Melilla.

[19] En total, el grueso de individuos que pasan a ser de interés para el presente artículo asciende a 118 y son todos bilingües: 31 del Sáhara Occidental, 26 de Marruecos, 26 de Ceuta y 35 de Melilla. En la tabla 2, detallamos los perfiles.

Sexo

Edad

Nivel educativo

Origen geográfico

Hombre: 85
Mujer: 33

-30: 31
30-60: 36
+60: 51

Sin estudios superiores: 55
Con estudios superiores: 63

Ceuta: 26
Melilla: 35
Marruecos: 26
Sáhara Occidental: 31

118

Tabla 2: Informantes objeto de análisis

[20] Asimismo, soslayamos el hecho de que hemos entrevistado en las siguientes ciudades: Tánger, Tetuán, Larache, Alcazarquivir, Nador, Beni Ensar, Sidi Ifni, Alhucemas, El Aaiún y Dajla. Los ejemplos y el análisis que proporcionaremos provendrán de dichos enclaves, amén de Ceuta y Melilla, si bien hemos de puntualizar que hemos obtenido también datos de personas de Orán, pero, como hemos argumentado, la parte argelina no estará contemplada.

[21] La inclusión de todos estos informantes ha sido posible gracias a un trabajo de campo realizado entre 2023 y 2024, consistente en una combinación metodológica de entrevista semidirigida, conversación libre y recopilación de audios de mensajería instantánea. El propósito ha sido recoger muestras de habla espontánea en contextos no formales, por parte de un grupo de personas que representasen la diversidad sociolingüística y geográfica de la zona encuestada. No obstante, antes de proseguir, deseamos llamar la atención acerca de los obstáculos que este proyecto ha enfrentado y que motivan los desequilibrios numéricos y el hecho de que el análisis sea de corte cualitativo. Aunque se preveía entrevistar a un número importante de personas, teniendo en cuenta factores sociolingüísticos clásicos (sexo, edad, nivel de instrucción), con una representatividad congruente de dichas variables extralingüísticas, obtener la aceptación de los potenciales informantes ha sido tremendamente ardua. En numerosas ocasiones, nos hemos topado con la negativa reiterada y taxativa de hablantes que rechazaban participar en la encuesta, a pesar de que muchos de dichos candidatos habían sido contactados gracias a intermediarios que los conocían y que, a priori, suponían cierta garantía de éxito en nuestra búsqueda. Igualmente, dependiendo del área geográfica, el factor sexo ha influido en la recopilación de datos, ya que, en Ceuta y Melilla, las mujeres se han prestado más que los hombres, mientras que, en el resto de la zona encuestada, la dinámica ha sido la contraria: la negativa de las mujeres y la propensión de los hombres a ser encuestados. Además, por razones administrativas que se escapan a nuestro control y que se resumen en el hecho de que el trabajo de campo tenía que estar completado en un intervalo de menos de dos años, el resultado definitivo ha sido el especificado en las tablas 1 y 2.

[22] Por ende, los datos y el análisis que ofrecemos en este artículo han de evaluarse con las precauciones pertinentes, habida cuenta de los inconvenientes descritos. De igual forma, no podemos establecer un estudio cuantitativo de los fenómenos registrados, por lo que tanto el examen de todos estos, junto con el cotejo de las variables sociolingüísticas, se basan en elementos cualitativos que, esperamos, sirvan de fundamento para futuras investigaciones que corran mejor suerte. Aun así, como demostraremos más adelante, las ocurrencias extraídas permiten dar cuenta de la vigencia actual del español en la zona cubierta, así como de las particularidades dialectales que exhibe y la importancia de la lengua de contacto. Y a pesar de la cantidad de horas grabadas, la naturaleza de los ejemplos que expondremos dificulta el análisis cuantitativo. Aunque nos detendremos en el análisis en el próximo apartado, pondremos dos ejemplos (uno fonético y otro morfosintáctico) que explican el enfoque cualitativo: si nos centramos en el plano fonético, la metodología impide estudios acústicos, por lo que el carácter multifactorial de la vacilación vocálica del árabe y del bereber que parece incidir en el español del Magreb no permite estudiar en profundidad esta circunstancia, pues la suma de aspectos que hay que tomar en consideración para entender las aparentes incongruencias impide una aproximación de corte cuantitativo. Si, en cambio, nos enfocamos en la parcela de la morfosintaxis, sería necesaria una investigación ad hoc para cada fenómeno que hemos documentado, ya que el discurso de los informantes no contempla la producción de todos los tiempos verbales previsibles para, por ejemplo, la pluralización de haber existencial, por lo que no podemos saber si esta obedece a tendencias que otros han apuntado en otros trabajos. No desvelaremos más rasgos, pero sirva la explicación anterior para entender la razón por la que el análisis obliga a un enfoque cualitativo.

[23] Las ocurrencias que suministraremos estarán etiquetadas con arreglo a las características extralingüísticas del informante. Así, a través de un acrónimo que establezca dichos rasgos, podremos identificar el perfil y la zona. Para el sexo, las siglas son H (hombre) y M (mujer); para la edad, -30 (menor de 30), 30-60 (mediana edad) y 60 (mayor de 60); para el nivel educativo, se proponen S (con estudios superiores) y N (sin estudios superiores); para el repertorio lingüístico, MON (monolingüe) versus BIL (bilingüe); mientras que, para el origen geográfico, hemos previsto CE (Ceuta), ML (Melilla), MA (Marruecos) y SO (Sáhara Occidental). Por tanto, si un ejemplo está consignado como H30-60SBILMA, quiere decir que ha sido producido por un hombre de mediana edad, con estudios superiores, bilingüe, procedente de Marruecos. Debemos advertir que la consignación del mismo acrónimo en más de un ejemplo no implica que dicha ocurrencia haya sido producida por el mismo individuo. Es decir, si mostramos dos tokens del mismo fenómeno, cuya etiqueta coincida (M30-60NBILCE), no significa que ambos hayan sido verbalizados por la misma mujer de mediana edad, sin estudios, bilingüe, proveniente de Ceuta; el acrónimo, insistimos, delata el perfil sociolingüístico del informante del que procede la ocurrencia y no un individuo concreto del corpus, cuyas características extralingüísticas sean únicas en la muestra.

4 Datos y análisis

[24] La complejidad de la zona geográfica encuestada conlleva una matización y una argumentación acerca de los informantes sobre los que fundamentamos el presente estudio. En primer lugar, hemos de decir que hemos encontrado hablantes monolingües y bilingües. Sin embargo, los únicos monolingües que permanecen a día de hoy en territorio africano son los nacidos en Ceuta y Melilla; aquellos monolingües de español que nacieron y vivieron parte de su vida en territorios que hoy son Marruecos, el Sáhara o Argelia terminaron marchándose hacia España (algunos a Francia, si provenían de Orán) en su infancia o en la pubertad. Ninguno de ellos aprendió árabe o bereber y, solo los que habitaron en el área argelina tienen conocimientos de francés, catalán o han alcanzado también niveles altos de competencia lingüística en dichos idiomas. En cualquier caso, reiteramos que todos ellos abandonaron el Magreb a una edad muy temprana, adquiriendo la variedad de la región española a la que se mudaron o manteniendo un español con claras influencias del francés, en el caso de los que optaron por el país galo. No nos centramos en estos hablantes, pues su idiosincrasia está relacionada con las dinámicas propias de hablantes de herencia.

4.1 Hablantes monolingües

[25] En lo que respecta a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, los monolingües de español proceden de familias también monolingües que, en un momento dado de la historia del siglo pasado, llegaron de Andalucía occidental, aunque sobre todo del otro lado del Estrecho en el caso de Ceuta, y de Andalucía oriental y Murcia en el caso de Melilla. En consecuencia, el español hablado por los ceutíes monolingües es idéntico al hablado en la Bahía de Algeciras, mientras que los monolingües melillenses exhiben la variedad que se atestigua en la Bahía de Málaga. Sin ánimo de ser exhaustivos, ya que el foco de este artículo se halla en los rasgos propios del Magreb, los ceutíes monolingües se caracterizan por la aspiración o pérdida de consonantes finales, como /s/, /l/, /r/ y /d/, así como la realización de [θs] para /s/ y /θ/, rotacismo y heheo esporádicos, aspiración de /x/, y pérdida de /d/ intervocálica en prácticamente cualquier secuencia, si bien algunos de estos rasgos decrecen en función del perfil sociolingüístico. Igualmente, nivelan en ustedes la interlocución en plural, con hibridaciones paradigmáticas entre la flexión de 2pl y 3pl. Los melillenses, en cambio, alternan entre la realización y aspiración de las consonantes finales aducidas para Ceuta, distinguen entre /s/ y /θ/, aunque hay ocurrencias esporádicas de seseo, alternan para /x/ entre [ħ] y [x], presentan abertura vocálica y distinguen diafásicamente entre vosotros y ustedes, como en el español estándar peninsular.

[26] Tenemos que recalcar, además, que ninguno de estos monolingües cuenta con conocimientos ni de árabe ni de bereber, salvo alguna expresión idiomática o palabra relacionada con cuestiones culturales marroquíes o islámicas. Y debemos igualmente subrayar el hecho de que no hemos encontrado monolingües residentes en zonas que pertenecieron a España, por lo que el resultado del trabajo de campo no ha proporcionado ningún hablante monolingüe de español en ciudades como Tetuán, Larache o El Aaiún.

4.2 Hablantes bilingües

[27] El caso de los bilingües es heterogéneo, pero a todos ellos les une el hecho de tener en su repertorio alguna variedad de árabe o bereber como lengua nativa. Solo los hablantes de herencia de Argelia, como ya hemos indicado, poseen el francés como idioma en su repertorio, sin que sepan ni árabe ni bereber. Además, su marcha a Europa a una edad temprana inhibió el contacto con alguna de las variedades del resto del Magreb. En consecuencia, abordaremos únicamente aquel perfil de bilingüe que haya permanecido en el norte de África y, asimismo, tenga el árabe o el bereber en su repertorio.

4.2.1 Rasgos fonéticos

[28] Si nos atenemos a los rasgos fonéticos que exhibe el grupo bilingüe, encontramos indefectiblemente los mismos fenómenos, con independencia de la variedad semítica o bereber que tenga el hablante. Por un lado, el consonantismo presenta la despalatalización de [ɲ], la reducción de la vibrante simple y múltiple a favor de la primera [ɾ], la aspiración de [t] y [d] explosivas: [th] y [dh], así como la elección de los alófonos [q], [ɣ] y [l] para [k], [g] y [l] respectivamente (1-4).

(1)

H60NBILMA

[espa'niol]

'español'

(2)

M30-60NBILSO

[ku'tʃiio]

'cuchillo'

(3)

H30-60NBILML

[ma'ɾuekos]

'Marruecos'

(4)

H60NBILML

[bi'aħe]

'viaje'

[29] Igualmente, a pesar de que todos los bilingües distinguen entre [s] y [θ], todos ellos alternan con seseo esporádico. La realización de /x/ se materializa mediante [ħ] y el yeísmo es generalizado, casi siempre con rehilamiento [ʒ], aunque se recurre a la vocalización del sonido si es intervocálico (véase el ejemplo (2)). Además, eliminan la /d/ intervocálica de forma recurrente en la secuencia -ado, con independencia de la categoría gramatical.

[30] El vocalismo ofrece la vacilación constante, por un lado, de [o] y [u] cuando son átonas, y de [e], [a] e [i], por otro, también en su versión no tónica. Mientras que el primer par alterna siempre entre ambos sonidos, los tres últimos tienden a [ə].

(5)

M60NBILMA

[lis 'dabən]

'les daban'

(6)

M60SBILSO

[vi'viən]

'vivían'

(7)

H60NBILML

[kuɾup'θjon]

'corrupción'

[31] Los rasgos fonéticos que hemos expuesto reflejan que son las lenguas de contacto (variedades de árabe y bereber) las que inciden en la producción de dicho plano lingüístico en el español magrebí. Si comenzamos a analizar el vocalismo, observamos que la vacilación en posiciones átonas se da también de forma dialectal en muchas variedades hispanoparlantes, por lo que podría colegirse que el trueque referido es un ejemplo más de una tendencia propia del español e incluso interlingüística. Sin embargo, a nuestro juicio, el caso de los informantes magrebíes bilingües responde a otro motivo: el contacto lingüístico. Es más, es la resolución en [ə] de los sonidos [e], [a] e [i] la que explica la razón.

[32] Por un lado, Kossmann & Stroomer (1997) indican que el inventario vocálico del bereber prevé los fonemas /a/, /i/ y /u/, pero estas opciones son susceptibles de variación, pues [a] cambia a [ɑ] y [æ], /i/ oscila entre [e] y [i], mientras que /u/ alterna entre [o] y [u]. La tendencia hacia una variante u otra se supedita a una concatenación de factores fonológicos que trascienden el corpus del que disponemos, puesto que, como hemos advertido, el análisis solo puede ser cualitativo, pero los autores enfatizan la importancia de [ə] como sonido más productivo no solo en las oscilaciones anteriores (excepto [o] y [u]), sino en contextos de dos consonantes agrupadas. Para Kossmann & Stroomer (1997), la elección por [ə] se materializa precisamente para romper la secuencia consonántica aducida.

[33] Por otro lado, el árabe hablado en toda la zona favorece los resultados que hemos explicado para el bereber. Encontramos en Heath (1989) un análisis pormenorizado de las vacilaciones vocálicas del árabe marroquí, que se revierten luego en el español registrado. De acuerdo con el autor, el trueque depende de una serie de parámetros, como la consonante que sucede a la vocal, la posibilidad de alófono faringalizado o la tonicidad del segmento. Es más, Aguadé (2003) apuntó a la alta frecuencia de [ə] en dichas variedades semíticas. Reiteramos que la naturaleza del corpus impide un análisis cuantitativo, pero todos estos factores parecen explicar por qué las vacilaciones átonas no son sistemáticas, ya que no toda [e] átona se convierte en [i] ni toda [a] átona se torna en [ə].

[34] El consonantismo atestiguado en el Magreb también responde al contacto con el árabe y el bereber. En ambos idiomas de la rama afroasiática, observamos ausencia de [ɲ], pero presencia tanto de [s] como de [θ]. No obstante, las muestras esporádicas de seseo que hallamos entroncan con el hecho de que la interdental se rechaza en la variedad semítica hablada en Marruecos (Heath 1997, 2002); hecho que se transmite también al bereber de la región, fuertemente influenciado por el árabe. La ausencia de vibrante múltiple es otra de las características del inventario del árabe y el bereber; asimismo, los alófonos documentados ([ʝ] y [ʒ]) se recogen igualmente en los inventarios de las variedades afroasiáticas con las que convive el español (Heath 1997; Sayahi 2005). Su vocalización en posiciones intervocálicas está ampliamente documentada también en ambas lenguas, trasladando esta posibilidad al español (véase el ejemplo (2)). El resto de rasgos, como la aspiración de [t] y [d] explosivas o la producción uvular en [q], vuelven a aparecer por influencia del árabe y el bereber, que contemplan dichos sonidos en sus inventarios, con independencia de la variedad dentro del Magreb a la que aludamos (Heath 1997; Sayahi 2005; Vicente 2005; Quilis 1992; Benrabra 2017).

4.2.2 Rasgos morfosintácticos

[35] El ámbito de la morfosintaxis se revela más complejo que el de la fonética, no en lo referente a la nómina de fenómenos exclusivos o caracterizadores del español magrebí, sino en lo que respecta a los condicionantes que han motivado dichas particularidades. Como ocurría con la fonética, todo el grueso de bilingües recrea los mismos rasgos lingüísticos, de nuevo con independencia de la región dentro del Magreb o la otra lengua que posean en su repertorio. Aunque hemos registrado fenómenos idiolectales que cambian según la exposición del informante a su lengua afroasiática, existe una serie de rasgos que son reproducidos por todos sin excepción. La totalidad de informantes distingue entre vosotros y ustedes el grado de cortesía en plural, sin hibridaciones paradigmáticas como ocurre en otras zonas hispanoparlantes. Asimismo, oscilan entre -ito, -illo y -ón como sufijos apreciativos: los dos primeros para los diminutivos y el último, para los aumentativos. Sin embargo, los cinco rasgos sintácticos que más destacan son la utilización del pretérito perfecto compuesto como aoristo, la pérdida de subjuntivo, la pluralización de haber existencial, así como la expresión del reflexivo se para acciones, cuyo sujeto carece de agentividad o control sobre el evento, y el empleo único de la perífrasis ir a más infinitivo como estrategia de futuro, mientras que el futuro morfológico lo han especializado para la conjetura.

[36] Si nos centramos en la extensión del pretérito perfecto compuesto para lecturas prehodiernales, observamos que los informantes encuestados producen oraciones como las de (8-13).

(8)

H60NBILMA

Y entonces he traído a su madre

(9)

H60NBILMA

A los diez años, he visto cómo el ejército disparaba a los civiles

(10)

H60NBILMA

Ha sido editada hace tres meses

(11)

H60SBILSO

En el 75, han dejado un colegio

(12)

H60NBILSO

Nosotros hemos aprendido español en el colegio

(13)

M30-60SBILSO

Hasta que lo hemos encontrado un día

[37] No obstante, la aparición del perfecto compuesto para matices de aoristo no ha sido sistemática, ya que todos los hablantes la han combinado con el uso del pretérito indefinido para exactamente las mismas lecturas temporales. La fotografía de esta convivencia y, a priori, contradicción recuerda al cambio en marcha que, a tenor de Alonso Pascua (2021), se está atestiguando en el español peninsular. De acuerdo con el autor, el noroeste de Castilla experimenta la ampliación del pretérito perfecto compuesto a significaciones aorísticas, rompiendo la dicotomía que este y su versión simple protagonizaban, al repartirse matices temporales del evento con respecto al momento de habla, siendo el primero imperfectivo y el segundo, perfectivo. Esta distinción temporal (aspectualmente, ambos son télicos) empieza a dejar de ser pertinente a nivel dialectal en la zona geográfica aducida, tendiendo hacia la realidad de otras lenguas romances, como el francés e italiano. Además, la generalización del perfecto para cualquier lectura de evento pretérito perfectivo, con independencia del encuadre temporal, es una tendencia tipológica que, a juicio de Dahl (2000), termina ocurriendo en aquella variedad que ha generado una estrategia de perfecto, ya sea por contacto o no. Así, el perfecto nace con una connotación resultativa y va extendiéndose a lecturas iterativas para, más tarde, imponerse en eventos acabados, pero cuya temporalidad coincide con la del momento de habla (lecturas hodiernales), como preludio de una direccionalidad que se encamina hacia acepciones prehodiernales.

[38] Sin embargo, las ocurrencias suministradas arriba no parecen adecuarse a las razones que explican idéntica casuística en la Península Ibérica. El motivo subyace en el sistema verbal del árabe y del bereber, el cual distingue entre perfectivo e imperfectivo. Este binomio basado en una oposición aspectual supone el empleo de la misma forma para acciones pasadas finalizadas, por lo que el pretérito perfecto simple y el pretérito perfecto compuesto en español se enmarcan en el tiempo perfectivo del árabe. Sin embargo, ambos idiomas cuentan con otro recurso, denominado perfecto, y que, a tenor de Hallman (2016), surge siempre y cuando el sujeto está omitido y se explicita un adverbio de tiempo. Este empleo del perfecto está en proceso de gramaticalización, según Camilleri (2019), y puede traducirse incluso por un progresivo. Está, de alguna manera, en competencia con el tiempo perfectivo.

[39] A pesar de lo que acabamos de comentar, ambos idiomas se ven inmersos en un cambio de calado. Por un lado, el aoristo en bereber se erige como tiempo no marcado para un pretérito, sin importar el aspecto del evento, es decir, si el evento está acabado o no; en contraposición, el perfecto es a priori siempre télico. Por otro, Brustad (2000) argumenta para el árabe que el perfecto es siempre hodiernal, con independencia de si la acción referida ha acabado o no, por lo que tiene relevancia en el momento de habla. La autora también indica que el perfecto puede connotar acepciones resultativas, de cambio de estado o de énfasis narrativo. Los solapamientos que hay entre perfecto y aoristo en bereber y árabe, con matices aspectuales en ciertas ocasiones y temporales en otras, han llamado la atención recurrentemente de los académicos (de hecho, no encontramos consenso entre todos ellos). La no sistematicidad en nuestros informantes a la hora de elegir entre uno y otro en español para el mismo contexto de aspecto y tiempo ha podido estar detrás de los ejemplos que hemos expuesto, sin dejar de lado lo que ya hemos comentado del español peninsular y las tendencias interlingüísticas.

[40] En cuanto a la pérdida de subjuntivo atestiguada, esta se ha materializado de dos maneras: a veces, mediante la reducción del paradigma temporal dentro del modo verbal y, otras, mediante la sustitución por parte del indicativo.

(14)

H30-60NBILCE

Quiero que esto se mejora

(15)

H30-60NBILCE

Quiero que sigo yo

(16)

H30-60NBILCE

Te mando el enlace para que tú te entras también

(17)

H30-60NBILCE

Él quería que vaya

(18)

H60SBILSO

Educaron a todos esos niños para que haya esa convivencia

(19)

H60SBILSO

Dejaban que la gente seguía con sus costumbres

[41] La explicación de esta circunstancia recrea lo que ya vimos para los pretéritos y, en realidad, argumentaremos para todos los fenómenos morfosintácticos: puede deberse a una deriva propia del español, en la línea de tendencias tipológicas universales, que, a su vez, esté fomentada por lo que ocurre en la lengua de contacto, ya sea el árabe o el bereber. Si nos atenemos a esta última posibilidad, observamos que las lenguas afroasiáticas que conviven con el español contienen en su paradigma de subjuntivo un único tiempo verbal, construido a partir de la base de imperfectivo. Por tanto, en estos idiomas, las relaciones temporales son irrelevantes si la sintaxis obliga al subjuntivo, pues solo disponen de un tiempo.

[42] Sin embargo, algunas variedades hispanófonas de América también documentan una discordancia temporal en oraciones de subjuntivo, recurriendo al presente como única alternativa, aunque la sintaxis obligue a un pretérito. Esta opción no se ve favorecida por ninguna lengua de contacto, sino que se enmarca en una tendencia universal de pérdida del modo irrealis a favor del realis. Es más, Alonso Pascua (2023) documenta idéntica direccionalidad en el español peninsular, aunque aplicada también a la eliminación total del modo subjuntivo en pos del indicativo, como en (14-16). Por tanto, la simultaneidad del fenómeno en otras regiones hispanófonas, junto con las tendencias universales y la propia circunstancia gramatical del árabe y el bereber, han podido influir en este rasgo del español magrebí.

[43] En lo que se refiere a la pluralización de haber en construcciones existenciales, nuestro corpus ha documentado su surgimiento en distintos tiempos verbales, siendo el más prolífico el imperfecto de indicativo.

(20)

H60NBILSO

Han habido matrimonios de españolas con saharauis

(21)

H60NBILSO

Los trasladaron a institutos que habían en el norte de Marruecos

(22)

H60NBILMA

Aquí habían anfibios

(23)

H60NBILMA

Todos los que habían en la escuela se enseñaron solos

[44] De nuevo debemos subrayar el carácter cualitativo del análisis que aplicamos en este artículo, por lo que no podemos dictaminar el alcance de dicho fenómeno. En este sentido, los datos que manejamos nos imposibilitan examinar si la pluralización sigue una serie de patrones que aumentan la probabilidad de concordancia de número. Al menos así ocurre en variedades americanas y peninsulares, puesto que, como demuestran Bentivoglio & Sedano (1989), Díaz Campos (2003) o Pato Maldonado (2016), la pluralización surge en mayor proporción si el sintagma nominal de la construcción existencial contiene un cuantificador que aumente la expresión de plural, si el sintagma está formado por un indefinido o si el verbo se flexiona en imperfecto de indicativo.

[45] Las ocurrencias obtenidas son, sobre todo, de imperfecto de indicativo, pero la pluralización no acontece de forma sistemática, aunque sí es ampliamente aceptada. Y, como hemos argumentado para los empleos aorísticos del pretérito perfecto compuesto, su desarrollo en el español magrebí puede estar desencadenado por dos factores concomitantes: la propia deriva del español en consonancia con tendencias interlingüísticas, en conjunción con la existencia del fenómeno análogo en la lengua de contacto. Debemos subrayar que las variedades afroasiáticas que conviven con el español de la zona recurren a construcciones existenciales que concuerdan en género y número, por lo que, si el argumento es singular, el verbo se flexiona en singular, pero si la valencia está expresada en plural, el verbo pasa a plural (Brustad 2000; Heath 2002).

[46] Además, como ocurre en otros lugares hispanófonos, la reinterpretación de la estructura argumental (es decir, el reanálisis del objeto directo como sujeto) parece estar motivada por la contradicción que supone una construcción impersonal con objeto directo. Tal y como Hopper & Thompson (1980) postularon, la transitividad supone una estructura biactancial, con un sujeto y un complemento directo, por lo que una estrategia que contemple un objeto directo, pero carezca de sujeto, contraviene dicha tendencia. Este cambio lingüístico rompe esta incongruencia, transformando el objeto directo en el sujeto de la oración.

[47] Si avanzamos en el análisis de los rasgos y nos detenemos en el surgimiento de se, observamos que el recurso al pronombre reflexivo para verbos que normativamente no lo promocionan, en lecturas de falta de agentividad, volición o control vuelve a plantear la duda de si es claramente influjo de la lengua de contacto o procede de la suma de criterios aducidos más arriba.

(24)

H30-60NBILCE

Nacerse

(25)

H30-60NBILCE

Descansarse

(26)

H30-60NBILCE

La gente de Ceuta se han perdido el dariya

[48] Los ejemplos reproducidos en (24-26) muestran este fenómeno en acciones inacusativas. El evento de nacer carece claramente de volición y agentividad, pero el de descansar puede ser problemático, ya que puede ser volitivo, pero su agentividad (es decir, el control sobre la acción) es discutible. Cada idioma resuelve de distinta forma categorizar este verbo, aunque suele decantarse por lecturas inacusativas. En cambio, la oración (26) muestra el uso de perder reflexivo para marcar de nuevo falta de voluntad y control. El informante implica que la pérdida del dariya ha sido inconsciente e involuntaria y, por ello, el hablante recurre a se. Reiteramos que este fenómeno podría ser contagio directo de la lengua de contacto, puesto que el sistema verbal semítico se construye a través de una base léxica a la que se le añaden sufijos y prefijos, en función de la información gramatical pertinente. De esta manera, la morfología verbal puede generar en un mismo lexema significaciones causativas, reflexivas, recíprocas, etcétera, y cada una de estas se enlaza con un paradigma distinto, llamado forma, que son enunciadas con números romanos. Precisamente, si nos enfocamos en el árabe, es la forma V la que prevé acepciones medio-pasivas, reflexivas o recíprocas. Con esta forma, hallamos significados no volitivos como tener un antojo, romperse y otros en los que el sujeto es también el paciente y/o experimentante, como casarse o bañarse.

[49] Esta posibilidad ha podido desencadenar el surgimiento del reflexivo, pero no podemos obviar que el español en espacios monolingües también exhibe comportamientos análogos. Es más, como Lara Bermejo (2020) demuestra, hay variedades de español peninsular que recurren al reflexivo en verbos de las mismas características, como soñarse en lugar de soñar. Por tanto, nos es imposible determinar que esta circunstancia en el Magreb es producto de la deriva propia del español que se observan en otras latitudes, auspiciada por las reglas gramaticales de la lengua de contacto. En cualquier caso, su frecuencia parece ser mayor que en otras regiones y se da en lexemas que no se documentan en otros espacios geográficos.

[50] Por último, la utilización única de la perífrasis ir a más infinitivo con valor temporal de posterioridad es igualmente un fenómeno que puede responder a un cambio inducido por contacto, a la deriva propia del español en consonancia con tendencias tipológicas o a todo a la vez. Es cierto que dicha estrategia está ampliamente documentada en el mundo hispanófono, pero suele convivir con la del futuro morfológico, ya sea porque cada alternativa se ha especializado para un registro (informal-formal), la perífrasis aún no ha desbancado del todo la opción sintética o la variable diatópica es propensa a la variante conservadora. Las tres posibilidades surgen en el español europeo y americano, pues las zonas donde la perífrasis copa cualquier lectura temporal, la forma sintética aparece en contextos formales; hay otras regiones que aún favorecen el futuro morfológico, aunque la perífrasis gana terreno; y hay áreas intermedias donde las dos alternativas pugnan por recoger la lectura no marcada de posterioridad. Sin embargo, aquellas donde la perífrasis ha desterrado por completo la forma verbal conjugada optan por especializar esta última, no solo para registros elevados, sino para la conjetura, la cual no atiende a la dicotomía del registro (Lara Bermejo 2021).

[51] Los hablantes magrebíes han generalizado la perífrasis, que únicamente funciona como lectura de futuro, mientras que el futuro morfológico aparece solo para la conjetura. Este fenómeno, aunque tipológico y existente en otras latitudes hispanoparlantes, está propiciado por el árabe y el bereber de la zona, pues como aduce Brustad (2000), la variedad semítica marroquí se sirve de una partícula proveniente del verbo ir, la cual marca la estrategia más difundida para expresar posterioridad. Este recurso no existe en otras zonas dialectales del árabe y se concentra exclusivamente en dicha zona del Magreb, por lo que esta circunstancia ha sido crucial para replicarla en el español que hablan.

5 Discusión

[52] A tenor de los datos recogidos, consideramos que sí podemos hablar de un español magrebí, el cual, además de las particularidades léxicas que Kaddour (2013), Martínez Ruiz (1982) o Benallou (2002) han enfatizado, posee una serie de rasgos fonéticos y morfosintácticos claramente establecidos. No obstante, parte de la caracterización lingüística puede achacarse indudablemente a la lengua de contacto que tienen en su repertorio, pero hemos de admitir que hay otros pormenores que pueden estar causados por tendencias del español, por cambios inducidos por contacto o por ambas circunstancias simultáneamente.

[53] La conclusión a la que hemos llegado, planteando la existencia de una variedad hispanófona magrebí, a pesar de que no podemos ofrecer relaciones cuantitativas estadísticas o con equilibrios sociolingüísticos, se basa precisamente en la consistencia de los datos extraídos frente a la enorme complejidad aducida. En primer lugar, la variedad dialectal del árabe y el bereber en toda la zona encuestada es inmensa y, a pesar de ello, las influencias en el español han sido siempre las mismas: la fonética explicada, la pluralización de haber, el uso del perfecto como aoristo, la pérdida de subjuntivo o el empleo único de ir a más infinitivo. En segundo lugar, aunque no todos los informantes han estado igual de expuestos al español, los rasgos que hemos hallado se replican. En otras palabras, ya sea aquellos hablantes que adoptaron el español como L2 de forma espontánea y, sobre todo, en el entorno escolar, como los que lo adquirieron como L1 en casa presentan los mismos fenómenos. Es más, una mayor exposición a la televisión española, al turismo procedente de España, a la convivencia con hispanoparlantes monolingües en la etapa colonial o a un contacto más prolongado en el tiempo del español en dicha zona (como es el caso del norte de Marruecos) no han supuesto diferencias, pues, insistimos, las características dialectales halladas se repiten una y otra vez. Lo mismo podemos argumentar con las divergencias sociolingüísticas, dado que las personas con estudios superiores no han exhibido fenómenos dialectales distintos de aquellos que no tienen formación universitaria o incluso solo alcanzaron un nivel elemental. Tampoco hemos encontrado diferencias entre hombres y mujeres o entre personas de distinta edad. Por tanto, a pesar de que no podemos hablar de una comunidad magrebí cohesionada, los rasgos que hemos documentado son siempre los mismos. La resolución a la que llegamos se ve apuntalada por los estudios que otros académicos realizaron en el pasado.

[54] Los resultados que recogió Moreno Fernández (1992) en su campaña en el Oranesado durante la década de 1980 arrojan las mismas conclusiones, pues los informantes entrevistados exhibían gran parte de los fenómenos aducidos: confusión vocálica, consonantismo como el ya explicado, pérdida de subjuntivo a favor del indicativo o fusión en presente de subjuntivo con independencia de la consecutio temporum, usos de perfecto en contextos prehodiernales, así como pluralización de haber existencial. El autor ya advertía en su momento de la dificultad para hallar informantes; es más, tuvo que conformarse con menos de una decena, varones y con edades avanzadas. Resulta significativo que las producciones lingüísticas coincidan con las atestiguadas cuarenta años después en otras zonas del Magreb. Además, el tipo de hablante que analizó Moreno Fernández (1992) difiere del argelino con español de herencia, pues este último es competente en español y francés, pero no en árabe, mientras que el que trató el autor contaba en su repertorio con español, árabe y francés. Igualmente, los comentarios de Sayahi (2005) apuntan a las mismas características, ya que incide en la vacilación vocálica, la pluralización de haber, la pérdida de subjuntivo y el empleo del perfecto en contextos de aoristo. El resto de autores que nombramos al principio del artículo y que se han dedicado a atestiguar alguna zona del Magreb exponen los mismos rasgos, con independencia del perfil sociolingüístico del hablante, su adscripción geográfica o el grado de cotidianeidad en el uso del español.

[55] Entendemos la controversia que implica catalogar una variedad, sobre todo en una zona donde coexisten varias lenguas. Sin embargo, este último hecho, a nuestro juicio, no obsta para clasificarlo así; multitud de ejemplos similares avalan dicha aserción. El denominado español ecuatoguineano es un caso paradigmático, pues la complejidad lingüística de Guinea Ecuatorial, donde la población es ampliamente bilingüe (no siempre de las mismas lenguas, pero con el español como parte del repertorio), no ha sido óbice para que la bibliografía acordase la existencia de un español distintivo de la zona. Y como ocurre en el Magreb con la familia afroasiática, el español ecuatoguineano está fuertemente influenciado por los idiomas bantúes (amén de otros contagios del portugués o el francés), ya que son estos los que determinan los rasgos fonéticos característicos, así como la morfosintaxis y, por descontado, el léxico (Quilis 1996; Lipski 2007). Todas esas circunstancias han permitido concluir que hay un español ecuatoguineano, entre otras cosas, porque, independientemente de la lengua bantú o la variedad que el hablante tenga, la nómina de características dialectales del español hablado en Guinea Ecuatorial se repite inexorablemente, exactamente igual como sucede en el Magreb, donde los rasgos lingüísticos se replican, sin importar la variedad semítica o bereber que posea el informante.

[56] El español ecuatoguineano no es el único, ya que la variedad dialectal atestiguada en los Andes también ha sido nombrada como español andino, puesto que muestra una serie de características que son solo explicables gracias al contacto con las lenguas con las que convive el español en la zona, desde los usos evidenciales de ciertos tiempos verbales, al empleo no canónico de los clíticos de objeto (Pfänder & Palacios Alcaine 2013; Fernández-Ordóñez 1999). Es más, tal y como ha ocurrido en nuestra campaña de entrevistas, hemos podido comprobar que existen fenómenos comunes a todos los informantes, pero aquellos más expuestos a sus respectivas lenguas afroasiáticas tienden a producir otros rasgos lingüísticos que no se dan en quienes normalizan el español en mayor medida. De hecho, esta misma casuística sucede en esas zonas hispanoparlantes de otras latitudes donde el idioma convive con otras lenguas: de acuerdo con Fernández-Ordóñez (1999), los bilingües de guaraní que más suelen usar esta última lengua presentan fenómenos como pronombres tónicos en posiciones átonas u objetos nulos con referente no animado, en contraste con aquellos que utilizan más el español, los cuales no los producen; sin embargo, todos ellos coinciden en tener una serie de fenómenos que se repiten sin importar la exposición a una u otra lengua. Lo mismo aduce Moreno Fernández (1992) en su trabajo de Argelia, pues afirma que el contingente entrevistado es bilingüe o trilingüe y que, en función de su mayor o menor exposición a uno de los idiomas, los rasgos en el español varían o se ven más influenciados por el otro idioma del repertorio: ello no obsta para que la totalidad de informantes repita unos fenómenos muy concretos por el mero hecho de residir en el Oranesado y tener la amalgama lingüística mencionada. Lo mismo podemos argüir para idiomas distintos al español, como el inglés, ya que Levey (2008) defiende la existencia del inglés gibraltareño como variedad distintiva de otras áreas anglófonas. Las características lingüísticas del inglés en el Peñón son claramente una influencia del español con el que convive, pues el nivel de bilingüismo en la ciudad (salvo una minoritaria élite proveniente de Gran Bretaña o generaciones muy jóvenes con un nivel de español pasivo) ha sido amplio durante décadas.

[57] Insistimos en que entendemos el problema que supone catalogar con un gentilicio una variedad determinada en lugar de utilizar la secuencia hablado por bilingües. La bibliografía establece que el español hablado en Paraguay no es necesariamente el español paraguayo (a pesar de que su sociedad es bilingüe con el guaraní), pues suele insertarse en el denominado español rioplatense; igualmente, el español que se habla en Galicia, Cataluña o País Vasco no es automáticamente catalogado como español gallego, catalán o vasco, ya que siempre encontramos la paráfrasis el español hablado en o el español en zonas bilingües. La diferencia, en nuestra opinión, recae en el hecho de que las particularidades de los lugares a los que nos hemos referido coinciden con un área dialectal más o menos cohesionada, donde, a su vez, encontraremos regiones más particularizadas. En otras palabras, aunque Fernández-Ordóñez (2016) explica que el español peninsular se divide en español septentrional, meridional, occidental y oriental, junto con las características de zonas bilingües, todas estas divisiones forman parte de una extensión dialectal mayor catalogada como español peninsular. Lo mismo podemos argumentar para el ejemplo paraguayo, cuyos rasgos propios se simultanean con los observados en el español rioplatense, si bien contiene elementos idiosincráticos, muchos de los cuales se deben al contacto con el guaraní. Por ello, aunque el vasto territorio del Magreb sea testigo de diferencias lingüísticas, constituye un ente relativamente homogéneo, donde se da una lista de rasgos fonéticos, morfosintácticos y léxicos comunes.

[58] El caso del español magrebí se asemeja, en cierta medida, al judeoespañol, en el sentido de que no es lengua oficial de ningún país y ocupa un espacio geográfico amplio. Tal y como ocurre con el sefardí, nos hallamos ante un ente relativamente homogéneo en sus particularidades fonéticas, morfosintácticas y léxicas, pero, a su vez, cuenta con diferencias dialectales en función de variables extralingüísticas. El español que mostramos en el Magreb imita la particularidad judeoespañola, pues exhibe los rasgos mencionados en todo el territorio, pero posee diferencias en función de variables de corte sociolingüístico que certifican que existe variación interna.

[59] Por último, consideramos que la presentación cualitativa de fenómenos tampoco es un obstáculo para defender la existencia de una variedad determinada. La etiqueta de español oranés bautizada por Moreno Fernández (1992) se basó en escasos datos de un grupo muy pequeño de individuos; las aserciones de Sayahi (2005) se establecen igualmente en datos cualitativos, sin un examen pormenorizado y organizado de un grupo equilibrado de hablantes según sus características sociolingüísticas y procedencias geográficas. Pero recalcamos: independientemente de la naturaleza del estudio, la época, la zona geográfica, el perfil sociolingüístico o el mayor y menor número de sujetos encuestados, los datos que se extraen se repiten una y otra vez: vacilación vocálica, mismas variantes consonánticas, pluralización de haber existencial, pérdida de subjuntivo y usos prehodiernales de perfecto. La taxonomía dialectal se ha basado históricamente en la catalogación de fenómenos fonéticos, morfosintácticos y léxicos que no necesariamente estaban documentados de manera cuantitativa o podían corroborarse a través de fórmulas estadísticas. Es más, en la mayor parte de los casos, las conclusiones provenían de metodologías que hoy tacharíamos de inapropiadas, se fundamentaban en un tipo específico de hablantes (casi siempre varón, o mayor o rural o el conjunto de estas tres circunstancias) o no contaban con una representatividad geográfica exhaustiva. Han sido los estudios ad hoc, muchas veces a posteriori, los que han confirmado o matizado los datos de tales estudios cualitativos y generales. Por tanto, aunque los fenómenos aquí expuestos puedan estar supeditados a factores de índole sociolingüística u obedecer a procesos gramaticales complejos que expliquen las aparentes contradicciones o la convivencia de un rasgo y su variante (haber pluralizado a veces sí; perfectos como aoristos en algunas ocasiones; pérdida de subjuntivo de manera esporádica), es su mera existencia y el hecho de que se repita inexorablemente en todos los hablantes lo que nos lleva a concluir que la suma de dichas particularidades en toda esa zona es indicativo de que nos hallamos ante una variedad específica. Ya lo sugería Moreno Fernández (1992) cuando catalogaba el español de dicha zona de Argelia como el español oranés (ningún informante era monolingüe), pero esa clasificación merece ser ampliada a todo el norte de África, pues se repiten los mismos fenómenos, por lo que estamos delante de un español de corte magrebí.

6 Conclusiones

[60] El uso del español en el norte de África se reviste de una enorme complejidad, no solo por las distintas formas en las que llegó y los diversos períodos cronológicos en los que se asentó, sino por la amalgama lingüística con la que ha convivido y la vasta extensión geográfica en la que ha permanecido. Actualmente, los monolingües que quedan se circunscriben a Ceuta y Melilla, ya que aquellos que nacieron en zonas que hoy son Marruecos y Argelia se trasladaron a Europa en su juventud. Sin embargo, mientras que los ceutíes y melillenses monolingües exhiben características del español peninsular (de la Bahía de Algeciras, en el primer caso, y de la Bahía de Málaga, en el segundo), son los bilingües de todo el Magreb los que se caracterizan por una serie de rasgos fonéticos, morfosintácticos y léxicos que permiten concluir que existe un español magrebí.

[61] Dicha variedad hispanoparlante muestra cierta uniformidad en todo el territorio analizado y, aunque haya características idiolectales en función de la exposición del hablante al español o a su otra lengua, encontramos sistematicidad en los fenómenos que todos ellos tienen por igual. Así, en el ámbito de la fonética, el árabe y el bereber influyen claramente en la pronunciación de ciertos sonidos, pues se tiende a la despalatalización de [ɲ], la vocalización de [ʝ] en posición intervocálica, el yeísmo rehilado en [ʒ] o la aspiración de [t] y [d], junto con la elección de [q], [ɣ] y [l] para [k], [g] y [l], respectivamente. Asimismo, se tiende a la confusión vocálica en posiciones átonas, con preferencia por la [ə].

[62] En el plano morfosintáctico, las influencias quedan más diluidas, pues observamos fenómenos que pueden ser tendencia propia del español (ya que se atestigua en otras zonas), cambios por contacto lingüístico (puesto que en sus otras lenguas se da la misma circunstancia) o ambas situaciones a la vez. En cualquier caso, todos ellos distinguen en plural entre vosotros y ustedes, construyen el tiempo futuro mediante la perífrasis ir a más infinitivo, alternan entre el perfecto compuesto y el simple para lecturas de aoristo, pluralizan las construcciones de haber existencial y optan por la reducción del modo subjuntivo, amén de recurrir al pronombre se para significaciones de falta de volición y agentividad.

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1 Este artículo es el resultado de un proyecto de investigación titulado The Spanish in the Strait of Gibraltar and Maghreb (SPAGHREB), con referencia CSN2022-135195, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033 y por la Unión Europea Next Generation EU/PRTR.